Las cardiopatías congénitas son malformaciones que afectan al corazón y que están presentes desde su formación, en el primer trimestre del embarazo. Afectan aproximadamente a un 1% de los recién nacidos.

La mitad de ellas son malformaciones graves, que suelen necesitar tratamiento quirúrgico durante el primer año de vida y que conllevan un mayor riesgo de mortalidad y de alteración del desarrollo neurológico y de la calidad de vida durante la infancia. No obstante, los avances realizados en las últimas décadas en la detección, manejo y tratamiento de los fetos y recién nacidos estas enfermedades han conllevado una mejoría de su supervivencia y de su calidad de vida, así como la disminución de las secuelas.

Si bien en algunos casos las cardiopatías congénitas pueden tener alguna causa hereditaria, en un 90% de los casos ocurren en embarazadas que no tienen antecedentes familiares de malformaciones cardiacas ni ningún otro factor de riesgo. Este dato pone de manifiesto la relevancia de que todas embarazadas realicen un control adecuado de su salud y la del feto durante toda la gestación, mediante las revisiones de salud, analíticas y ecografías programadas a lo largo de los nueve meses de embarazo, para tal efecto es la ecografía genética y la ecografía morfológica, la que nos ayudan a detectar una probable malformación cardiaca congénita, la ecografía 3D y 4D también sirven, sin embargo la principal herramienta es la ecocardiografía fetal que con la ayuda del doppler color podemos visualizar perfectamente el corazón fetal entre las 11 a 14 semanas y entre las 20 a 26 semanas de gestación

Es muy importante detectar estas malformaciones de forma temprana, antes del nacimiento, por los siguientes motivos:

  • En primer lugar, para valorar si, aparte de la malformación cardiaca, existen malformaciones de otros órganos o si el feto sufre algún síndrome genético.
  • En segundo lugar, y dependiendo del tipo de cardiopatía y de si existen o no otras malformaciones asociadas, para informar a sus padres del diagnóstico y del pronóstico de la malformación.
  • En tercer lugar, resulta crucial para poder hacer un seguimiento más estrecho de la salud del feto durante el embarazo. Si bien la mayoría de las malformaciones cardiacas son bien toleradas en la vida intrauterina, en ocasiones pueden aparecer complicaciones durante la gestación que aconsejen algún tipo de medida: finalizar el embarazo de forma precoz, cirugía fetal…
  • Y por último, pero no menos importante, para planificar el parto en un centro sanitario de nivel III, esto es, con servicios de neonatología, cardiología y cirugía cardiaca infantil, que le aseguren los mejores cuidados.

El diagnóstico de una cardiopatía en el feto se realiza mediante ecografía. Cuando, en alguna de las ecografías realizadas durante el embarazo se observa alguna anomalía cardiaca del feto, el ginecólogo remite a la embarazada a un equipo médico especialista en cardiología fetal.

Si se confirma el diagnóstico, este equipo, que suele estar compuesto de ginecólogos, cardiólogos pediátricos, neonatólogos y cirujanos cardiacos infantiles, ofrece a los padres información sobre qué tipo de malformación tiene su hijo, cuál es su pronóstico, qué opciones de tratamiento existen y, lo que es muy importante para las familias, una visión de cómo será el parto y las primeras semanas y meses de su vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.